En el semáforo en rojo difuminado por las gotas de lluvia que el limpiaparabrisas se empeñaba en borrar.
Entonces me di cuenta de que ya nunca más me subirías la falda... ni sudaríamos juntos.
No te iba a poder decir las cosas que nunca te había dicho.
Ya todo daba igual...
El semáforo se puso en verde.
Sin arrancar, volví a dar al play.
Es lo bueno de los pueblos de veraneo en invierno.
Aquella noche, el nudo que llevaba días en mi estómago, se convirtió en un As de Guías, y cada vez que suena esta canción se hace más y más fuerte.
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