martes, 25 de junio de 2013

A la mañana siguiente lo despierta su boca, acariciándolo. Se aparta, como herido.

— ¿Qué haces?
— Me gusta mucho.
— ¿Te gusta mucho?
— Sí. —Hay un instante de pausa— Me gusta mucho tu polla.
— Si no tuviese polla, ¿me querrías igual?

Lo mira de reojo.

— ¿Qué te ha pasado?.
— ¿Qué quieres que me pase? No hablas de nada más que de mi polla.
— De tu polla.
— A mí nunca me dices si te gusto.

De un golpe seco, le retira la mano. Se levanta. Está preciosa e indignada.

— Te has vuelto loco.
— Loco no. Pero yo también existo. —Y adrede, para que suene ridículo, agrega en tono agudo—: ¿No te parece?

No hay comentarios: