miércoles, 10 de julio de 2013

Con la lámpara de la esquina encendida, el salón tenía aura de club. Vislumbré largas noches con él sentado a mi lado en el sofá, viendo documentales, mi cabeza en su hombro y su mano acariciando mis piernas. O mejor, a horcajadas sobre sus muslos, estremeciéndome con tanta precisión que hasta pude escuchar sus afónicos suspiros en mi oído.

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