[…] Quizá juzgan a los compradores por su ropa, por el tono monocorde de su voz, por su mirada inquieta; les juzgan por los libros que han tomado de otros estantes.
[…] Los libros detestan ser tomados por los indecisos, expertos lectores de contraportadas.
[…]Prefieren a los lectores críticos, que leerán sus líneas, pero sabrán hacerlo también entre ellas[…]
A los libros no les gusta ser regalados: saben que en muchas ocasiones eso significa que no serán leídos.
Las novelas policíacas eligen lectores sagaces con los que medirse. Los libros inteligentes buscan lectores inteligentes; los libros grandes, lectores con antebrazos fuertes[…] Los panfletos buscan a los convencidos, los diccionarios a los iletrados, los best sellers a los best buyers.
Pero todos, sin excepción, se van felices una tarde de sábado con ese que mira nervioso a los lados y, aprovechando un descuido del dependiente, los desliza en su mochila abierta, porque con él se saben deseados.
De Aquí yacen dragones, Fernando León de Aranoa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario