miércoles, 25 de mayo de 2011

El matrimonio

... Cenan, pasean por la orilla del río y, cuando vuelven al hotel, cada uno se mete en su cama y coge un libro.

Pocos minutos más tarde oyen que en la habitación de al lado están follando. Oyen claramente el chirrido del somier, los gemidos de la mujer y, más bajo, los bufidos del hombre. Zgdt y Bst se miran, sonríen, hacen algún comentario chistoso, se desean buenas noches y apagan la luz.

Zgdt, caliente por la follada que sigue oyendo a través de la pared, piensa en decirle algo a Bst. A lo mejor ella se ha puesto tan caliente como él. Podría acercársele, sentarse en la cama, bromear sobre los vecinos y, como quien no quiere la cosa, acariciarle primero el pelo y la cara y a continuación los pechos. Muy probablemente, Bst se apuntaría en seguida. Pero ¿y si no se apunta? ¿Y si le retira la mano y chasca la lengua o, peor todavía, le dice «No tengo ganas»? Hace años no habría dudado. Habría sabido, justo antes de apagar la luz, si Bst tenía ganas, si los gemidos de la habitación de al lado la habían encendido o no. Pero ahora, con tantos años de telarañas encima, nada está claro. Zgdt se vuelve de lado y se masturba procurando no hacer ruido.

Diez minutos después de que haya acabado, Bst le pregunta si está dormido. Zgdt le dice que todavía no. En la habitación de al lado ya no gimen. Ahora se oye una conversación en voz baja y risas sofocadas. Bst se levanta y va a la cama de Zgdt. Aparta las sábanas, se tiende y empieza a acariciarle la espalda. La mano baja desde la espalda hasta las nalgas. Sin coraje para decirle que se acaba de masturbar, Zgdt le dice que no tiene ganas. Bst deja de acariciarlo, hay un silencio breve, larguísimo, y se vuelve a su cama.

Zgdt oye cómo aparta las sábanas, cómo se mete dentro, cómo se revuelve. A cada revuelta, a Zgdt se le multiplican los remordimientos por haberse masturbado sin haber intentado antes saber si Bst querría follar. Además, se siente culpable de no haberle dicho la verdad. ¿Tan poca confianza se tienen , tan extraños son ya el uno para el otro, que ni eso puede decirle? Precisamente para demostrar que no son del todo extraños, que aún hay una chispa de confianza, que quizá puede reavivar la hoguera, reúne coraje, se vuelve hacia ella y le confiesa que hace unos minutos se ha masturbado porque pensaba que ella no tendría ganas de follar. Bst no dice nada.

Minutos después, por los sonidos disimulados que le llegan, Zgdt supone que Bst se está masturbando. Siente una tristeza inmensa, piensa que la vida es grotesca e injusta y rompe a llorar. Llora contra la almohada, hundiendo la cara todo lo que puede. Las lágrimas son abundantes y calientes. Y cuando oye que Bst ahoga el gemido final contra el pulpejo de la mano, grita con un grito que es el grito que ella se muerde.
Quim Monzó, El porqué de las cosas

3 comentarios:

Sara dijo...

Me encanta el nombre "Quim", me gusta mucho. El por qué de las cosas, me gusta el título :)

pd tu felicitación me hizo muy feliz! llevo como tres semanas con entregas de trabajos, prácticas y ahora exámenes...no pude celebrar mi 20 cumpleaños. No me puedo creer que haya cambiado de década, uf.

Te escribiré por FB :)

Muuuuuuuua

Laia... dijo...

Lagrimilla rodando mejilla abajo. La gente del bus me mira raro.

Cyana dijo...

* Sarita, a mí me gusta el que tiene nombre Quim... y apellido Gutierrez :P
El libro está genial. Si no te lo recomendé ya, lo hago ahora ;)
Y me alegra lo de la felicitación :)
Ya lo celebraremos ;) ¿Imaginas????

* Laita, a mí también me encogió el estómago.
Hay tantos matrimonios... tantos aún sin casarse... incluso sin haber empezado nada...

Maldito matrimonio.