miércoles, 16 de mayo de 2012

La montaña rusa

La primera vez que tuve una conversación seria sobre sexo, tenía diez años.

- Es muy fácil, se hace como en las películas: sacando mucho la lengua.
- Agg, qué asco.
- Pues parece que a ellos les gusta.

Y no me hice una idea muy clara del asunto...
... O quizás me hice una idea demasiado clara...

- Eso no es besarse, porque hay que estar desnudos en la cama.
- Pero, ¿qué es lo que pasa cuando se hace?.
- Mi madre me ha explicado que hacer el amor es algo muy especial y que sientes la mayor felicidad de tu vida.
- Pues para mí, la mayor felicidad es ir al parque de atracciones.
- Pues para mí también.
- Pues es mejor que eso.
- ¿Mejor que la montaña rusa?.
- Sí.
- Imposible.
- Imposible.
- No, no puede ser.

Al oir aquella noche a mi madre, me asaltaron las dudas; ¿Y si mi amiga tenía razón?.

Para mí la montaña rusa era lo primero, pero tenía que comprobarlo.

Arrastré a mi padre al parque de atracciones.

- No, no, no, no, no. La montaña rusa no, que me da mucho miedo.

Los gritos de mi padre, mucho más potentes que los de mamá, me daban la razón a primera vista...

- ¡Hola!.
- ¡Hola, mamá!.
- ¿Cómo lo ha pasado mi niña?.
- Guay: Hemos follado en la montaña rusa.